Daño pulmonar oculto en el engorde a corral: El 30 % de animales sin síntomas que arruina la conversión

Hidden Lung Damage in Feedlot Cattle: The 30% of Asymptomatic Animals Ruining Feed Conversion 

Resumen

La enfermedad respiratoria del ganado la “neumonía” del corral de engorde es la principal causa de enfermedad y muerte en el feedlot. Pero su costo real es mucho mayor de lo que muestran los registros, porque buena parte del daño nunca se ve. Cuando los pulmones se revisan en el frigorífico, los estudios muestran que entre el 18 % y más del 45–60 % de los animales terminados tienen lesiones en el pulmón, y la mayoría jamás fue tratada porque nunca mostró síntomas claros. Esos animales “sin síntomas” engordan menos, aprovechan peor el alimento y rinden carcasas más livianas: una pérdida que no figura en ninguna planilla. En una base de más de 60.000 animales faenados, el daño pulmonar grave (más de la mitad del pulmón afectado) significó casi 30 kg menos de carne por animal y hasta 140 dólares menos de valor (Grimes y col., 2025). En otro estudio que siguió a los animales desde su ingreso, los que tuvieron daño pulmonar sin síntomas dejaron carcasas 16 kg más livianas y unos 67 dólares menos de ganancia cada uno (Blakebrough-Hall y col., 2020). Este artículo explica, en lenguaje sencillo, por qué ocurre (la baja de defensas al destete, el estrés del transporte y la mezcla de animales de distintos orígenes), cómo detectarlo a tiempo con ecografía del pulmón algo ya posible a campo en Latinoamérica, qué análisis pedir y cómo leerlos, qué medidas de recepción realmente bajan el problema, y cuánto cuesta en plata. También se compara cómo se manifiesta en ganado de carne frente a ganado lechero.

Palabras clave: neumonía del ganado; daño pulmonar oculto; ecografía de pulmón; engorde a corral; conversión de alimento; lesiones en el frigorífico; pérdidas económicas.

Introducción

La enfermedad respiratoria del ganado y la neumonía del corral es el problema sanitario que más dinero cuesta en el engorde a corral. Se estima que es responsable de cerca del 75 % de los animales que se enferman y de entre la mitad y dos tercios de los que mueren en el feedlot (Smith y col., 2020). Pero lo que aparece en la planilla de tratamientos es apenas la punta del iceberg.

El método más usado en el corral para detectar animales enfermos es el de “sacar y tratar”: el recorredor observa el lote y aparta al que ve decaído, con moco en la nariz o tosiendo. El problema es que ese método deja pasar a muchos animales realmente enfermos y, al mismo tiempo, trata a otros que estaban sanos. La consecuencia es un grupo de animales que tienen o tuvieron neumonía sin que nadie lo notara, y cuyo daño recién se descubre cuando el pulmón llega a la línea de faena.

Un veterinario estadounidense bautizó este fenómeno con una frase que lo resume bien: “el monstruo que no vemos” (Griffin, 2014). Y no es un problema menor. En uno de los estudios más grandes que existen más de 60.000 animales faenados en Estados Unidos, casi la mitad de las carcasas (45,5 %) mostraron daño pulmonar (Grimes y col., 2025). Otros trabajos encontraron lesiones en hasta el 60 % de los animales. Ninguno de ellos figuraba como “enfermo” en los registros, pero todos engordaron menos y rindieron menos carne.

Este artículo recorre el tema de principio a fin: qué es este daño oculto y por qué aparece, qué animales son más vulnerables, cómo detectarlo en vida con ecografía a campo, qué análisis sirven y cuáles son “humo”, qué medidas al recibir los animales realmente bajan el problema, en qué se diferencian el ganado de carne y el lechero, y lo que más le importa al productor  cuánta plata se pierde.

Lo básico: qué pasa dentro del pulmón

“Sin síntomas” no quiere decir “leve”

La neumonía del ganado la causan virus y bacterias que trabajan en equipo: primero un virus debilita las defensas del pulmón, y después las bacterias aprovechan para instalarse. El término “sin síntomas” (los veterinarios dicen “subclínico”) describe al animal que desarrolla daño en el pulmón pero nunca se ve lo bastante enfermo como para que lo aparten y lo traten.

Lo más importante de entender es esto: que no haya síntomas no significa que el daño sea leve. En terneros, la ecografía detecta daño en el pulmón en animales que no muestran ninguna seña de enfermedad; y en un estudio, ese daño apareció en promedio diez días antes de que se vieran los primeros síntomas. Dicho de otro modo: cuando el recorredor por fin “ve” al animal enfermo, el pulmón ya lleva más de una semana deteriorándose.

Qué tipo de daño importa

A la faena se observan sobre todo dos cosas. La primera es la zona del pulmón que perdió su esponjosidad normal: en lugar de estar lleno de aire, ese pedazo queda relleno y “macizo” (los técnicos lo llaman consolidación). Esa parte ya no sirve para respirar bien. La segunda son las telillas o adherencias de fibrina: una especie de “pegamento” inflamatorio que se forma sobre el pulmón y que puede dejar cicatrices permanentes. El daño se concentra casi siempre en la parte de adelante y abajo del pulmón, porque es por donde entra la infección. Ese detalle es clave, porque permite revisar solo esa zona con la ecografía y aun así detectar la mayoría de los casos.

Por qué se enferman: disminución de defensas, el viaje y la mezcla

La mayoría de los casos de neumonía aparecen en las primeras semanas después del destete o del ingreso al corral, cuando se juntan tres situaciones.

Primero, disminución defensas. El ternero nace sin defensas propias y las recibe a través del calostro (la primera leche de la madre, cargada de anticuerpos). Con el tiempo esas defensas “prestadas” se van agotando, mientras que las defensas propias del animal todavía no terminan de madurar. Queda así un período de varias semanas en el que el animal está más desprotegido una especie de “bache” de defensas. Cuando el ternero no recibió suficiente calostro de buena calidad, ese bache es aún más profundo y el riesgo de enfermarse del pulmón se multiplica (documento base, 2025).

Segundo, el estrés del viaje. Cargar, transportar y descargar, sumado a las horas sin comer ni beber y a los cambios de clima, golpea las defensas del animal. La distancia recorrida es uno de los factores más reconocidos de riesgo de neumonía; de hecho, a esta enfermedad se la llamaba antiguamente “fiebre de embarque” (Smith y col., 2020).

Tercero, la mezcla de orígenes. Juntar en un mismo corral animales que vienen de campos distintos aumenta el riesgo, porque cada animal trae sus propios microbios y se contagian entre sí, además del estrés de convivir con desconocidos. Los animales jóvenes, livianos y recién destetados son los más vulnerables de todos.

Figura 1. Cómo se juntan los tres factores de riesgo en la recepción.

El problema en números

Cuántos animales llegan dañados (aunque parecían sanos)

Revisar los pulmones en el frigorífico es la forma más directa de medir el daño oculto, porque muestra todo lo que el animal acumuló a lo largo del engorde, sin importar si fue tratado o no. Las cifras cambian según el sistema, la edad y el origen de los animales, pero el patrón se repite: una parte muy grande de animales “sanos” llega con el pulmón dañado.

Tabla 1. Cuántos animales faenados tienen daño pulmonar (estudios publicados)

Estudio (país)Animales revisadosCon daño pulmonarDato a destacar
Grimes y col., 2025 (EE. UU.)60.84345,5 % con zona maciza; 43,4 % con telillasCarcasas comerciales (2010–2021)
Fernández y col., 2020 (España)
1.101
17,9 %Todos eran animales sin síntomas; más frecuente en terneros jóvenes
Blakebrough-Hall y col., 2020 (Australia)89818 % (con y sin síntomas)Separó el costo del animal con y sin síntomas

Fuente: elaboración propia con base en Grimes y col. (2025), Fernández y col. (2020) y Blakebrough-Hall y col. (2020). Cada estudio define “daño” de forma algo distinta, lo que explica parte de las diferencias.

El estudio español es muy revelador: revisó 1.101 animales que no habían mostrado ningún síntoma, y aun así uno de cada seis (17,9 %) tenía el pulmón dañado. Además, el riesgo dependía del sistema de crianza: era casi 3 veces mayor en sistemas mixtos y casi 6 veces mayor en sistemas extensivos respecto de los intensivos (Fernández y col., 2020). En otras palabras: incluso animales que pasarían cualquier inspección a simple vista pueden esconder daño.

El costo que no se ve: menos kilos y peor conversión

La pregunta del productor es directa: ¿cuánto me cuesta esto? La mejor evidencia viene de dos tipos de estudios. Por un lado, grandes bases de datos de frigorífico que relacionan cuánto daño tenía el pulmón con cuánto rindió la carcasa. Por otro, estudios que siguen al animal desde que entra al corral y calculan la ganancia final, descontando todos los costos.

El estudio de Grimes y col. (2025), sobre 60.843 carcasas, clasificó el daño pulmonar en niveles según qué porción del pulmón estaba afectada, y encontró una regla muy clara: cuanto más daño, más liviana y más económica  la carcasa.

Tabla 2. Cuánto pierde la carcasa según el daño pulmonar (Grimes y col., 2025; 60.843 animales)

Nivel de dañoParte del pulmón afectadaKilos de carne perdidos*Valor perdido por animal*
Leve5 a 15 %−4,2 kg−17 dólares
Moderado15 a 50 %−13,2 kg−72 dólares
Gravemás del 50 %−29,9 kg−141 dólares
Telillas leves(aparte del daño macizo)−3,5 kg—
Telillas extensas(aparte del daño macizo)−7,0 kg—

*Comparado con animales de pulmón sano. Fuente: Grimes y col. (2025). El daño también achicó el área del ojo de bife (el músculo principal que se mide para clasificar la res).

Estos números derriban un mito muy común en el corral: “si no lo traté, no me costó nada”. Un animal con daño grave que nunca fue detectado deja casi 30 kg de carne en el camino y vale unos 140 dólares menos, sin aparecer jamás en la planilla de enfermos.

El estudio de Blakebrough-Hall y col. (2020), que siguió a 898 novillos en Australia desde el ingreso hasta la faena, permitió separar lo que cuesta un animal que se vio enfermo de uno que nunca mostró síntomas. Los animales con daño pulmonar pero sin síntomas dejaron carcasas 16 kg más livianas y unos 67 dólares australianos menos de ganancia que los sanos. Los que sí mostraron síntomas perdieron 24 kg y unos 214 dólares. Y los que tuvieron que tratarse tres o más veces perdieron casi 40 kg y unos 385 dólares cada uno (Blakebrough-Hall y col., 2020).

Tabla 3. Cuánto cuesta cada tipo de animal (Blakebrough-Hall y col., 2020; 898 animales)

Tipo de animalKilos de carne perdidosGanancia perdida¿Se vio enfermo?
Con daño, pero sin síntomas−16 kg−67 dólares (AUD)No
Con síntomas (enfermo visible)−24 kg−214 dólares (AUD)Sí
Tratado 3 veces o más−40 kg−385 dólares (AUD)Sí (crónico)

Fuente: Blakebrough-Hall y col. (2020). De cada 100 animales, 18 se enfermaron y 2 murieron por neumonía; cada muerte costó más de 1.600 dólares australianos.

Figura 2. A más daño, más pérdida (en kilos y en plata).

El daño también pesa a largo plazo

En el ganado lechero, el daño pulmonar temprano se paga durante toda la vida del animal. Las terneras Holstein que tuvieron daño en el pulmón al momento del destete tuvieron casi 5 veces más probabilidad de ser descartadas antes de su primer parto, y quedaron preñadas con menos facilidad (52,5 % al primer servicio, frente al 62 % de las sanas) (Teixeira y col., 2017). En terneros de carne, cuanto más extendido estaba el daño, mayor era el riesgo de muerte (Cuevas-Gómez y col., 2021).

Acá hay una diferencia importante entre sistemas: en el ganado de carne, el daño se paga sobre todo en kilos y conversión; en el lechero, se paga en descartes, menos preñeces y vacas que duran menos. El daño es el mismo; lo que cambia es la forma en que golpea el bolsillo.

Cómo detectarlo a tiempo: la ecografía del pulmón a campo

Si el problema es que no “vemos” al animal dañado, la solución es una herramienta que mire dentro del pulmón. La ecografía de pulmón la misma tecnología del ecógrafo, pero aplicada al tórax se volvió la mejor manera de detectar el daño en el animal vivo, mucho más confiable que escuchar con el estetoscopio o mirar al animal. Su gran ventaja práctica: se puede hacer en la manga con los mismos ecógrafos que ya se usan para tacto y diagnóstico de preñez, así que ya es posible a campo en Latinoamérica sin comprar equipos caros (Buczinski y col., 2018).

La forma más usada de ordenar lo que se ve es una escala de 0 a 5: 0 es un pulmón sano y bien aireado, y a medida que sube el número, más pulmón está “macizo” o dañado. Un puntaje de 3 o más ya indica un problema importante. Para revisar muchos animales rápido, alcanza con mirar la parte de adelante del pulmón donde se concentra casi todo el daño, lo que reduce el examen a unos segundos por animal.

Tabla 4. La escala de la ecografía de pulmón, explicada

PuntajeQué se ve en la ecografíaQué significa
0Pulmón normal, bien aireadoSano
1Pequeñas señales de irritación, sin zona macizaCambio leve, poco preocupante
2Una zona maciza de más de 1 cm, pero no todo el lóbuloDaño localizado a vigilar
3Un lóbulo del pulmón entero macizoDaño importante (3 o más = problema serio)
4Dos lóbulos enteros macizosDaño extenso
5Tres o más lóbulos macizosDaño grave, mal pronóstico

Fuente: escala de Ollivett y Buczinski (2016). “Lóbulo” es cada una de las secciones en las que se divide el pulmón. El acuerdo entre distintos operadores es bueno para detectar la zona maciza (Buczinski y col., 2018).

Figura 3. Dónde apoyar la sonda del ecógrafo.

Qué análisis pedir y cómo leerlos

Además de la imagen, hay análisis de sangre que pueden ayudar. Conviene saber cuáles sirven de verdad y cuáles prometen más de lo que dan.

La haptoglobina: el análisis con respaldo

Cuando un animal tiene una infección o inflamación, el hígado libera ciertas proteínas en la sangre que actúan como “alarmas”. La más conocida en el ganado es la haptoglobina. En neumonías de corral, la haptoglobina apareció bastante más alta en los animales enfermos que en los sanos, lo que la vuelve útil para detectar problemas respiratorios (Idoate y col., 2015).

Pero hay que leerla con cuidado. Una revisión de muchos estudios concluyó que ninguna de estas “proteínas alarma”, por sí sola, es una prueba definitiva: sirven como apoyo, no como diagnóstico final (Abdallah y col., 2016). Su mejor uso es mirar el estado general de un lote cuánta inflamación hay en el grupo, siempre combinada con la observación y la ecografía, nunca en reemplazo de ellas. Además, estas proteínas también suben por estrés, así que un valor alto no siempre quiere decir neumonía.

Tabla 5. Análisis para detectar daño pulmonar oculto: qué sirve y cómo interpretarlo

AnálisisQué midePara qué sirveSu límite
Ecografía de pulmónEl daño real dentro del pulmónLo mejor en el animal vivo; viable a campoDepende de quién la haga; requiere práctica
Haptoglobina (sangre)Inflamación generalApoyo para evaluar el loteNo diagnostica sola; sube también por estrés
Hisopado de narizQué virus o bacteria hayOrienta el germen en un broteHallarlo no prueba que causó el daño
Observación del animalSíntomas visibles (tos, moco, fiebre)Barato, rápido, primera líneaSe le escapan los animales sin síntomas

Fuente: elaboración propia con base en Abdallah y col. (2016), Idoate y col. (2015) y Buczinski y col. (2018).

Carne y leche: el mismo daño, distinto bolsillo

Aunque el germen y el daño son parecidos, el momento de mayor riesgo y la forma en que se paga cambian según el sistema.

Tabla 6. El daño pulmonar oculto en ganado de carne y en ganado lechero

AspectoGanado de carne (feedlot)Ganado lechero (recría)
Cuándo hay más riesgoPrimeras semanas tras el ingreso al corralDurante la crianza y al destete
Qué lo disparaEl viaje y la mezcla de animalesLa baja de defensas y el calostro insuficiente
A quién golpea másTernero liviano recién destetado, de remateTernero/a de leche en crianza
Cómo se pagaPeor conversión, menos kilos al ganchoDescartes, menos preñeces, vacas que duran menos
Costo a largo plazoPérdida directa de kilos de carneCasi 5 veces más descartes antes del 1er parto

Fuente: elaboración propia con base en Fernández y col. (2020), Teixeira y col. (2017), Blakebrough-Hall y col. (2020) y Smith y col. (2020).

Qué medidas de recepción sí bajan el problema

Prevenir bien empieza antes y durante el ingreso de los animales. La evidencia apunta a dos pilares.

Preparar al animal antes de mandarlo

Los terneros que llegan “preparados” destetados con tiempo, acostumbrados a comer en comedero, vacunados al menos dos semanas antes del viaje, desparasitados y bien alimentados se enferman bastante menos en el corral (Smith y col., 2020). Esta preparación previa es, según muchos veterinarios, la medida más efectiva de todas.

Tratamiento preventivo de los lotes de alto riesgo

Cuando llega un lote claramente de alto riesgo (animales livianos, de remate, que viajaron mucho), aplicar un antibiótico preventivo a todo el grupo al ingreso lo que se llama metafilaxis baja de forma consistente la cantidad de enfermos y muertos (Smith y col., 2020). La clave está en usarlo solo donde el riesgo lo justifica. Aplicarlo a todos por igual, sin criterio, desperdicia antibiótico y favorece que las bacterias se vuelvan resistentes. De hecho, un estudio que analizó datos reales de un corral grande advirtió que conviene reservar esta herramienta para los lotes que de verdad la necesitan (Maples y col., 2022).

Y un punto importante: usar antibióticos de forma rutinaria “por las dudas”, en todos los animales todo el tiempo, está desaconsejado por los organismos internacionales, porque favorece la resistencia a los antibióticos (que después no funcionan ni en los animales ni en las personas). Programas serios de preparación y manejo logran bajar la enfermedad sin abusar de los antibióticos (documento base, 2025).

Tabla 7. Medidas de recepción: qué tan respaldadas están

MedidaQué tan respaldada estáQué se logra
Preparar al animal antes del viaje (vacunar, destetar con tiempo)Muy respaldadaMenos animales enfermos en el corral
Antibiótico preventivo solo en lotes de alto riesgoMuy respaldadaBastantes menos enfermos y muertos
Evitar mezclar demasiados orígenesBien respaldadaMenos contagio y menos estrés
Ecografía de pulmón al ingresoRespaldo crecienteDetecta a los dañados sin síntomas
Antibiótico rutinario a todos “por las dudas”DesaconsejadoRiesgo de resistencia, sin beneficio claro

Fuente: elaboración propia con base en Smith y col. (2020), Maples y col. (2022) y documento base (2025).

Discusión: poniendo todo junto

El mensaje central es que la planilla de tratamientos miente por omisión. El método de “sacar y tratar” solo registra a los animales que se ven enfermos, pero el daño pulmonar empieza días antes y, en muchos casos, nunca llega a notarse. El resultado es una pérdida silenciosa kilos, conversión, fertilidad futura que no se contabiliza porque el animal “nunca estuvo enfermo” según los papeles.

Las cifras hay que leerlas con sentido común. Los porcentajes de daño van del 18 % a más del 60 % según el estudio, el país y cómo se definió “daño”. No son números directamente comparables, pero todos señalan lo mismo: el daño oculto es la norma, no la excepción.

La ecografía a campo cambia el juego, pero no hace milagros. Permite adelantar el diagnóstico desde el frigorífico cuando ya no se puede hacer nada hasta la recepción, cuando todavía se puede actuar. Es viable en Latinoamérica porque el equipo ya está en la mayoría de los campos, pero su resultado depende de la práctica de quien la usa.

Sobre productos y aditivos: hay que separar lo probado de lo promocional. Lo que tiene respaldo sólido es preparar bien al animal y usar el antibiótico preventivo con criterio. Los análisis de sangre sirven para mirar el lote, no para diagnosticar animal por animal. Cualquier producto que prometa “eliminar” el problema sin tocar las tres causas de fondo defensas, viaje y mezcla hay que mirarlo con desconfianza: no existe la solución mágica.

Y la cuenta final cambia. Cuando se suman todos los costos ocultos kilos, conversión, descartes, invertir en prevención (preparar al animal, recibirlo ordenadamente, revisar con ecografía a los lotes de riesgo) rinde mucho más que tratar a las apuradas cuando ya es tarde.

Conclusiones

  • El daño oculto es lo común, no la excepción. Entre el 18 % y más del 45–60 % de los animales terminados llegan con el pulmón dañado, y la mayoría nunca fue tratada (Fernández y col., 2020; Grimes y col., 2025).
  • Cuesta plata, y mucha. El daño grave resta casi 30 kg de carne y unos 140 dólares por animal (Grimes y col., 2025); el daño sin síntomas resta 16 kg y unos 67 dólares cada uno (Blakebrough-Hall y col., 2020).
  • Las causas son conocidas y se pueden prevenir: la baja de defensas al destete, el estrés del viaje y la mezcla de orígenes, todas concentradas en las primeras semanas en el corral.
  • La ecografía de pulmón es la herramienta que cambia las cosas. Detecta el daño en animales que se ven sanos, se puede hacer con los ecógrafos que ya existen en el campo y, mirando solo la parte de adelante, sirve para revisar muchos animales rápido.
  • Los análisis de sangre ayudan, pero no reemplazan nada. La haptoglobina sirve para mirar el lote, no para diagnosticar a un animal con certeza (Abdallah y col., 2016).
  • Lo que baja el problema está probado: preparar bien al animal antes del viaje y usar el antibiótico preventivo solo en los lotes de riesgo. Lo que no toca las causas de fondo, difícilmente funcione.
  • Carne y leche pagan distinto el mismo daño: el corral lo paga en kilos y conversión; la recría lechera, en descartes y menos preñeces (Teixeira y col., 2017).

Referencias bibliográficas

Abdallah, A., Hewson, J., Francoz, D., Selim, H., & Buczinski, S. (2016). Systematic review of the diagnostic accuracy of haptoglobin, serum amyloid A, and fibrinogen versus clinical reference standards for the diagnosis of bovine respiratory disease. Journal of Veterinary Internal Medicine, 30(4), 1356–1368. https://doi.org/10.1111/jvim.13975

Blakebrough-Hall, C., McMeniman, J. P., & González, L. A. (2020). An evaluation of the economic effects of bovine respiratory disease on animal performance, carcass traits, and economic outcomes in feedlot cattle defined using four BRD diagnosis methods. Journal of Animal Science, 98(2), skaa005. https://doi.org/10.1093/jas/skaa005

Buczinski, S., Buathier, C., Bélanger, A. M., Michaux, H., Tison, N., & Timsit, E. (2018). Inter-rater agreement and reliability of thoracic ultrasonographic findings in feedlot calves, with or without naturally occurring bronchopneumonia. Journal of Veterinary Internal Medicine, 32(5), 1787–1792. https://doi.org/10.1111/jvim.15257

Cuevas-Gómez, I., McGee, M., Sánchez, J. M., O’Riordan, E., Byrne, N., McDaneld, T., & Earley, B. (2021). Association between clinical respiratory signs, lung lesions detected by thoracic ultrasonography and growth performance in pre-weaned dairy calves. Irish Veterinary Journal, 74, 7. https://doi.org/10.1186/s13620-021-00187-1

Fernández, M., Ferreras, M. del C., Giráldez, F. J., Benavides, J., & Pérez, V. (2020). Production significance of bovine respiratory disease lesions in slaughtered beef cattle. Animals, 10(10), 1770. https://doi.org/10.3390/ani10101770

Griffin, D. (2014). The monster we don’t see: Subclinical BRD in beef cattle. Animal Health Research Reviews, 15(2), 138–141. https://doi.org/10.1017/S1466252314000255

Grimes, B. B., McEvers, T. J., Tennant, T. C., & Lawrence, T. E. (2025). Association of bovine lung lesions at slaughter with carcass performance, value and liver-abscess severity. Translational Animal Science, 9, txaf112. https://doi.org/10.1093/tas/txaf112

Compartir este artículo:

Boletín

Suscríbete a nuestro boletín para recibir las últimas novedades.