Micotoxinas subclínicas en bovinos: El ladrón invisible que le está robando producción a tu hato

Subclinical Mycotoxins in Cattle: The Invisible Thief Stealing Production from Your Herd

Artículo de Revisión Científica  Medicina y Producción de Rumiantes.

Resumen

Las micotoxinas son sustancias tóxicas que producen ciertos hongos (mohos) en el alimento del ganado, y representan uno de los problemas más extendidos y menos visibles de la ganadería actual. En un estudio mundial que analizó 74.821 muestras de 100 países durante diez años, el 88 % tenía al menos una micotoxina (Gruber-Dorninger et al., 2019). El daño más costoso no es la intoxicación grave y evidente que es poco frecuente sino la forma silenciosa o subclínica, es decir, la que no se ve a simple vista: pérdidas lentas y constantes de producción, fertilidad y defensas que el productor casi nunca relaciona con su verdadera causa. El estómago del rumiante (el rumen) destruye parte de estas toxinas, pero en las vacas de alta producción el alimento pasa tan rápido que ese filtro natural no alcanza a actuar (Fink-Gremmels, 2008). Las micotoxinas que más afectan al ganado son la aflatoxina (que pasa a la leche como aflatoxina M1), el deoxinivalenol o DON, la zearalenona y las fumonisinas. Al comparar los productos que se venden para «atrapar» estas toxinas en el alimento, un análisis reciente que reunió 28 estudios encontró que la bentonita (un tipo de arcilla) reduce hasta un 40 % la aflatoxina que llega a la leche, mientras que la pared de levadura es la menos eficaz frente a esta toxina (Kihal et al., 2023). Calcular una pérdida exacta en dinero por vaca y por año es difícil de sostener: la evidencia confirma que el daño existe (caídas del 5 al 10 % con alimentos enmohecidos), pero no permite dar una cifra única válida para todos los casos.

Palabras clave: micotoxinas en el ganado; daño silencioso (subclínico); aflatoxina en la leche; deoxinivalenol (DON); zearalenona; fumonisinas; productos atrapatoxinas; arcilla bentonita; seguridad de la leche.

Introducción

La palabra «subclínico» describe la situación más cara y a la vez más engañosa de un hato: el animal no se ve enfermo, pero rinde por debajo de lo que debería. Con las micotoxinas esto es lo habitual. Estas toxinas las fabrican hongos que crecen en los cultivos y en el alimento almacenado (sobre todo de los grupos Aspergillus, Fusarium y Penicillium). La FAO calcula que cada año cerca del 25 % de los cultivos del mundo tienen micotoxinas (DAIReXNET, 2019). Y lo más frecuente no es una dosis alta y única que enferme de golpe, sino dosis pequeñas que, sumadas a otros factores de estrés, van robando producción, abriendo la puerta a enfermedades y empeorando la fertilidad sin que se note de inmediato (DAIReXNET, 2019).

Dos situaciones de hoy empeoran el problema y cualquier ganadero las reconoce. La primera es el clima inestable: es el factor que más influye en qué hongos aparecen y qué toxinas producen, de modo que las sequías, las lluvias a destiempo y las olas de calor cambian el panorama de un año a otro (Gruber-Dorninger et al., 2019). La segunda es el almacenamiento: silos mal compactados, heno guardado con demasiada humedad y granos mal conservados favorecen que el moho siga creciendo después de la cosecha. Cuidar bien el cultivo ayuda, pero no elimina del todo las micotoxinas (DAIReXNET, 2019).

Este artículo busca cuatro cosas prácticas: (1) mostrar cómo se manifiesta el daño silencioso según el tipo de ganadería (carne o leche); (2) explicar qué análisis pedir y cómo leer los resultados frente a los límites permitidos; (3) distinguir los productos «atrapatoxinas» que de verdad funcionan de los que solo tienen respaldo publicitario; y (4) analizar con honestidad cuánto cuesta el problema en dinero. Se incluye a propósito una mirada crítica, porque las empresas que venden aditivos tienen un interés comercial en exagerar las pérdidas que se atribuyen a las micotoxinas.

Cómo se defiende la vaca (y por qué a veces no le alcanza)

Las vacas, ovejas y cabras tienen una ventaja que cerdos y aves no tienen: dentro de su rumen (el primer y mayor compartimento del estómago) viven microorganismos que destruyen parte de las micotoxinas antes de que el animal las absorba. Por eso, en general, los rumiantes aguantan mejor estas toxinas. Pero esa protección tiene límites, y el ganadero de alta producción los vive todos los días.

El rumen funciona como un filtro. Cuando ese filtro se daña porque el animal está enfermo o porque la propia toxina afecta a los microorganismos que lo habitan el cuerpo absorbe más toxina, aumenta el riesgo de daño y una parte llega a la leche (Fink-Gremmels, 2008). Además, la vaca lechera moderna come y digiere tan rápido que el alimento pasa por el rumen casi sin darle tiempo a ese filtro a neutralizar las toxinas (Upadhaya et al., 2010). De ahí una contradicción: cuanto más produce la vaca, más concentrado come (que es lo que suele venir contaminado) y menos tiempo tiene su rumen para limpiarlo.

El tipo de dieta aumenta o reduce el riesgo. En la ganadería de carne a pasto, el animal come sobre todo pasto y poco concentrado; en la lechería intensiva, el concentrado puede ser hasta el 70 % de lo que come la vaca cada día (Fink-Gremmels, 2008). Por eso el riesgo de exponerse y de recibir varias toxinas a la vez es naturalmente mayor en lechería. Esta diferencia en la dieta explica por qué el problema se manifiesta distinto en cada sistema, como se detalla en la sección 4.

Figura 1. Cómo el rumen neutraliza las micotoxinas y en qué fallan sus defensas. Fuente: Elaboración propia con base en Fink-Gremmels (2008) y Upadhaya et al. (2010).

Las micotoxinas que de verdad importan en el ganado

No todas las micotoxinas pesan lo mismo en el ganado. Las seis que más se vigilan en el mundo son la aflatoxina, la zearalenona, las fumonisinas, la ocratoxina A, el deoxinivalenol (DON) y la toxina T-2 (Gruber-Dorninger et al., 2019). En ese estudio mundial, las fumonisinas y el DON fueron las que aparecieron en mayor cantidad, y el alimento ya preparado (balanceado) fue uno de los que más toxinas mostró. En el maíz, las fumonisinas estuvieron presentes en el 80 % de las muestras, el DON en el 67 %, la zearalenona en el 44 % y la aflatoxina en el 24 %. (Las cantidades se miden en microgramos por kilo, µg/kg; un microgramo es la milésima parte de un miligramo.)

Tabla 1. Las micotoxinas más importantes en el ganado: qué hongo las produce, dónde aparecen y qué tan comunes son

MicotoxinaHongo productorSustrato típicoOcurrencia global (encuesta)
Aflatoxina B1 (AFB1)Aspergillus flavusMaíz, semilla de algodón24 % positivo en maíz
Deoxinivalenol (DON)Fusarium graminearumMaíz, trigo, cebadaMediana 388 µg/kg; 67 % en maíz
Fumonisinas (FB1/FB2)Fusarium verticillioidesMaízMediana 723 µg/kg; 80 % en maíz
Zearalenona (ZEN)Fusarium graminearumMaíz, ensilaje44 % positivo en maíz
Ocratoxina A (OTA)Aspergillus / PenicilliumGranos almacenadosIncluida en la encuesta de 6 toxinas
Toxina T-2Fusarium sporotrichioidesGranos, forrajeIncluida en la encuesta de 6 toxinas

Nota: Cada porcentaje es para una toxina por separado y pueden sumarse: es común que un mismo alimento tenga varias micotoxinas a la vez. Fuente: elaboración propia con base en Gruber-Dorninger et al. (2019), Toxins, 11(7):375.

Un punto clave: la mayoría de las muestras de ese estudio estaban por debajo de los límites permitidos en Europa (Gruber-Dorninger et al., 2019). O sea, el problema casi nunca es que un lote pase el límite de golpe, sino la exposición baja pero constante durante mucho tiempo y, sobre todo, recibir varias toxinas a la vez, que se potencian entre sí.

Figura 2. Qué tan frecuentes son las micotoxinas en el maíz (porcentaje de muestras con la toxina). Fuente: Elaboración propia con base en Gruber-Dorninger et al. (2019), Toxins. Encuesta de 74.821 muestras, 100 países, 2008–2017.

Análisis en detalle

Cómo se nota el daño: carne frente a leche

La diferencia entre un sistema y otro no está en la toxina, sino en tres cosas: qué come el animal, en qué etapa está y qué resultado económico se vigila (litros de leche o kilos de carne).

En lechería, la pérdida silenciosa se nota como menos litros y peor calidad de leche, más el gasto de tratar problemas que parecen otra cosa (Fink-Gremmels, 2008). Una señal que la literatura relaciona con alimento contaminado es el aumento de cojeras, que ya de por sí cuestan caro: bajan la producción, empeoran la preñez y obligan a descartar más vacas. Es el caso típico del ganadero que ve vacas que no terminan de andar y rendimientos raros sin una causa clara: eso es justamente el daño silencioso. La aflatoxina añade un problema propio de la lechería: pasa a la leche (como aflatoxina M1), y eso es un asunto de seguridad para quien la consume y de cumplir la ley, más que de producción.

En carne (vacas de cría, animales en crecimiento y engorde), el pasto reparte y diluye la exposición, y lo que se vigila es cuánto peso gana el animal y qué tan bien aprovecha el alimento. Las señales típicas de un problema de moho son que el animal come menos, gana entre un 5 y un 10 % menos de lo esperado y se preña peor (OMAFRA, 2024). Los más vulnerables son los terneros jóvenes (cuyo rumen todavía no funciona del todo) y los animales de alta producción (OMAFRA, 2024); por eso los terneros en crecimiento y las vacas en plena lactancia son los de mayor riesgo en cualquier sistema.

Tabla 2. Cómo se manifiesta el daño silencioso en leche y en carne

AspectoLechería intensivaCarne (pastoreo / engorde)
Cómo entra la toxinaPor el concentrado (hasta ~70 % de la dieta)Sobre todo por el pasto; poco concentrado
Qué se vigila (lo económico)Litros y calidad de leche; aflatoxina en la lecheAumento de peso y aprovechamiento del alimento
Señales del daño silenciosoMenos leche, cojeras, fallas para preñar, leche con más recuento de células (signo de inflamación)Come menos, gana 5–10 % menos peso, se preña peor
Animal más vulnerableVaca en plena lactanciaTernero en crecimiento (rumen aún inmaduro)
Punto legal claveAflatoxina en la leche (máx. 0,5 ppb, FDA)Aflatoxina en el alimento según el destino del animal

Nota: Elaboración propia con base en Fink-Gremmels (2008) y OMAFRA (2024).

Figura 3. Señales del daño silencioso según el tipo de ganadería y el animal. Fuente: Elaboración propia con base en Fink-Gremmels (2008) y OMAFRA (2024).

Por qué cuesta tanto detectarlo

El verdadero problema no es la toxina, sino lo difícil que es detectarla. Durante años el impacto de las micotoxinas pasó desapercibido porque sus señales son vagas y se parecen a muchas otras cosas; el cuadro es confuso y varía mucho de un caso a otro (Alltech, 2021). Además, el animal puede recibir una dosis grande de golpe o pequeñas cantidades durante mucho tiempo (Alltech, 2021); esta segunda forma es la silenciosa, la que se confunde con un mal año, con vacas poco productivas o con problemas para preñar sin causa conocida.

Qué análisis pedir y cómo leerlos

Analizar el alimento (lo primero). Conviene pedir al laboratorio que mida las micotoxinas importantes (aflatoxina, DON, zearalenona, fumonisinas, ocratoxina A y T-2). La técnica más completa se llama LC-MS/MS: con un solo análisis identifica y mide varias toxinas a la vez, incluso en alimentos difíciles como los subproductos de destilería (Mackay et al., 2022). El punto débil es la toma de muestra: la contaminación no se reparte pareja, se concentra en zonas o «bolsones», así que un resultado bajo en una sola muestra no garantiza que todo el lote esté limpio.

Comparar con los límites permitidos. Aquí es donde el ganadero suele confundir se detecta con es peligroso. Los límites oficiales de Estados Unidos (FDA) se resumen en la Tabla 3. Para leerla: «ppb» significa partes por mil millones y ppm, partes por millón; cuanto más bajo el límite, más estricto.

Tabla 3. Límites de micotoxinas en alimento para ganado según la FDA (EE. UU.)

MicotoxinaTipo de animalLímite
Aflatoxina (total)Vaca lechera en producción; animales jóvenes20 ppb
Aflatoxina (total)Animales de carne en engorde final300 ppb
Aflatoxina (total)Animales de carne para reproducción (no en leche)100 ppb
Aflatoxina en la lecheEn la leche que se vende0,5 ppb
FumonisinasGanado mayor de 3 meses30 ppm (máx. la mitad de la dieta)
FumonisinasAnimales jóvenes menores de 3 meses10 ppm
Deoxinivalenol (DON)Ganado mayor de 4 meses (dieta final)5 ppm
DONGanado de carne (en un ingrediente)hasta 30 ppm

Nota: La zearalenona no tiene un límite oficial de la FDA en el alimento; la Unión Europea da recomendaciones que sirven de referencia. Fuente: elaboración propia con base en FDA CPG Sec. 683.100, Nebraska Extension (2023), NC State Extension y CDFA Mycotoxin Reports.

De la Tabla 3 salen dos ideas clave. Primera, el límite depende del destino del animal: 20 ppb de aflatoxina arruinan una dieta de lechería, pero no son problema para un novillo en engorde final (cuyo límite es 300 ppb); el mismo grano se acepta o se rechaza según para qué animal sea. Segunda, la aflatoxina es la única que se controla también en el producto final: entre el 1 y el 3 % de la aflatoxina que come la vaca lechera pasa a su leche (UKY, 2023), y vender leche por encima de 0,5 ppb es ilegal (Nebraska Extension, 2023).

Medir la toxina en el propio animal (para confirmar). Para el DON y la zearalenona se han probado análisis de sangre y otros fluidos del animal como forma de medir cuánta toxina recibió: a más toxina en el alimento, más toxina en sangre (Winkler et al., 2015). Sirve para confirmar e investigar, pero no es algo de uso diario en el campo.

El problema de fertilidad: la zearalenona

La zearalenona merece un apartado propio porque actúa de una forma distinta: imita a las hormonas femeninas (los estrógenos). Al hacerse pasar por esas hormonas, desordena el ciclo reproductivo del animal. Esto se conoce mucho mejor en los cerdos, donde se asocia de forma clara con celos alterados, falta de celo y otros problemas para reproducirse (Kanora y Maes, 2009). En el ganado vacuno hay que ser prudente al aplicar estas conclusiones: el rumen descompone parte de la zearalenona, así que la vaca suele ser menos sensible que la cerda. Aun así, es uno de los contaminantes más comunes del maíz y el ensilaje (apareció en el 44 % de las muestras; Gruber-Dorninger et al., 2019), por lo que vale la pena tenerla en cuenta cuando hay problemas de fertilidad sin explicación clara.

Productos atrapatoxinas: cuáles sirven y cuáles son humo

En el mercado de productos atrapatoxinas (en inglés, binders) conviven los que tienen pruebas reales hechas en animales y los que solo tienen buen marketing. La mejor evidencia viene de un análisis que reunió 28 estudios y 131 mediciones en vacas lecheras a las que se les dio aflatoxina a propósito, comparando cuatro tipos de producto: dos arcillas (una llamada HSCAS y la bentonita), la pared de levadura y mezclas de varios (Kihal et al., 2023).

Los resultados son claros y se pueden ordenar. La bentonita fue la que más redujo la aflatoxina que llega a la leche (alrededor del 40 %), y la pared de levadura la que menos (apenas un 25 %); las arcillas HSCAS y las mezclas quedaron en el medio. Además, con bentonita solo pasó a la leche un 0,6 % de la aflatoxina del alimento, frente al 1,69 % cuando no se usaba nada (Kihal et al., 2023).

Conviene tener presentes tres advertencias. Primera, cada producto sirve para unas toxinas y no para otras: las arcillas atrapan bien la aflatoxina, pero funcionan mal con el DON y toxinas parecidas (Xu et al., 2023). Segunda, estos productos pueden atrapar también nutrientes útiles minerales, vitaminas y aminoácidos y restar efecto a algunos antibióticos (Kihal et al., 2023). Tercera, ningún atrapa toxinas arregla un mal manejo del silo o del almacenamiento: es una red de seguridad, no un permiso para dar alimento contaminado.

Tabla 4. Qué tan bien funciona cada producto «atrapatoxinas» contra la aflatoxina en la leche

ProductoCuánto baja la aflatoxina en la lecheAflatoxina que igual pasa a la lecheConclusión
Bentonita (arcilla)~40 % (la que más)0,6 % (la que menos)Buena — primera opción para aflatoxina
HSCAS (arcilla)Media1,04 %Buena
Mezclas de variosMedia1,04 %Aceptable
Pared de levadura~25 % (la que menos)1,43 % (igual que no usar nada)Floja para la aflatoxina
Sin producto (referencia)—1,69 %Punto de comparación

Nota: Estos datos valen para la aflatoxina; contra el DON y toxinas parecidas funcionan mucho peor. Fuente: elaboración propia con base en Kihal, Rodríguez-Prado y Calsamiglia (2023), Journal of Dairy Science, y Xu et al. (2023).

Figura 4. Cuánto baja cada producto la aflatoxina que llega a la leche. Fuente: Elaboración propia con base en Kihal et al. (2023), Journal of Dairy Science. Análisis que reunió 28 estudios.

Discusión

El relato comercial dominante las micotoxinas subclínicas le están robando litros sin que usted lo advierta es parcialmente cierto, pero exige un contrapeso metodológico que rara vez se ofrece. Varios ensayos controlados rigurosos contradicen la magnitud habitualmente publicitada. En un estudio en vacas Holstein alimentadas con trigo contaminado (8,21 mg de deoxinivalenol y 0,09 mg de zearalenona por kg de materia seca), los microorganismos del rumen degradaron casi por completo el DON antes de su absorción, de modo que solo pasaron cantidades insignificantes a la leche y no hubo un deterioro relevante del desempeño (Seeling et al., 2006). En trabajos complementarios, concentraciones de DON de hasta 5,3 mg/kg no afectaron de forma significativa ni el rendimiento ni los parámetros de fermentación de las vacas (Keese et al., 2008).

¿Cómo se explica esto frente a la gran cantidad de estudios que sí reportan pérdidas? La clave está en que casi nunca actúa una sola toxina ni una sola causa. Cuando el DON coincide con una dieta con demasiado concentrado que acidifica el rumen (un trastorno digestivo llamado SARA), sí se ve una caída fuerte del consumo y de la leche, pero el daño es de la acidez, no solo de la toxina (Keese et al., 2008). En otras palabras, muchas de las pérdidas que en el campo se atribuyen «a las micotoxinas» son en realidad la suma de la toxina más un ensilaje mal hecho, un alimento que sabe a moho y errores de manejo. El propio olor a moho ya hace que el animal coma menos y más despacio (Fink-Gremmels, 2008).

De aquí salen dos consejos prácticos. Por un lado, no hay que descartar a las micotoxinas como causa de un problema difuso: están por todas partes (88 % de muestras positivas) y el efecto hormonal de la zearalenona está bien probado, al menos en cerdos (Gruber-Dorninger et al., 2019; Kanora y Maes, 2009). Por otro lado, echarle la culpa de toda caída de producción a las micotoxinas y solucionarlo comprando un atrapa toxinas es un error caro: deja sin arreglar la verdadera causa, que muchas veces es el silo. La aflatoxina es la excepción donde la cadena problema-causa-solución está mejor demostrada, en buena parte porque, al ser un tema legal (pasa a la leche), se le ha dedicado investigación de calidad (Kihal et al., 2023).

Por último, esa cifra exacta de pérdida «por vaca y por año» que todo ganadero quiere es, con la evidencia disponible, imposible de dar como número único: depende de cuánta toxina haya, de cuántas se junten, de la etapa del animal y del tipo de ganadería. Lo que sí está bien demostrado es la dirección del daño con alimentos enmohecidos son típicas pérdidas del 5 al 10 % de producción, aun sin confirmar la toxina (OMAFRA, 2024) y que la forma silenciosa cuesta más, en conjunto, que las intoxicaciones graves (DAIReXNET, 2019). Pero poner un número exacto igual para todos sería engañar.

Conclusiones

  1. Las micotoxinas están casi en todas partes (88 % de las muestras del mundo dieron positivo), pero la mayoría de los lotes están dentro de los límites; el riesgo real es la exposición baja y constante, y recibir varias toxinas a la vez.
  2. La forma que más cuesta es la silenciosa, justamente porque es difícil de detectar: da señales vagas que se confunden con el manejo, con un ensilaje mal hecho o con otras causas de estrés.
  3. Leche y carne se diferencian en qué come el animal, qué etapa es más vulnerable y qué se vigila; los terneros en crecimiento y las vacas en plena lactancia son los de mayor riesgo.
  4. El mejor análisis es el LC-MS/MS sobre el alimento (mide varias toxinas a la vez), leído según los límites de la FDA y el destino del animal; la aflatoxina en la leche (0,5 ppb) es el único punto de cumplimiento legal obligatorio.
  5. Entre los atrapa toxinas, las arcillas (bentonita y HSCAS) tienen pruebas sólidas contra la aflatoxina (la bentonita baja 40 % la que llega a la leche); la pared de levadura es la menos eficaz para esta toxina, y ningún producto sirve para todo ni reemplaza al buen manejo del silo.
  6. Los estudios bien controlados matizan el discurso comercial: a los niveles permitidos, varios no encuentran caídas de producción; las pérdidas del campo suelen deberse a la suma de la toxina con otros factores, más que a la toxina sola.
  7. No se puede dar una cifra única de pérdida por vaca y por año con la evidencia disponible; sí se puede afirmar que el daño existe y que la forma silenciosa pesa más, en conjunto, que las intoxicaciones graves.

Referencias bibliográficas

  • Alltech. (2021). 10 warning signs of mycotoxins in your dairy herd. Recuperado de https://www.knowmycotoxins.com/media/blog/10-warning-signs-of-mycotoxins-in-your-dairy-herd/
  • DAIReXNET. (2019). Mold and mycotoxin issues in dairy cattle: Effects, prevention and treatment. eXtension Foundation. https://dairy-cattle.extension.org/mold-and-mycotoxin-issues-in-dairy-cattle-effects-prevention-and-treatment/
  • Fink-Gremmels, J. (2008). Mycotoxins in cattle feeds and carry-over to dairy milk: A review. Food Additives & Contaminants: Part A, 25(2), 172–180. https://doi.org/10.1080/02652030701823142
  • Food and Drug Administration. (s. f.). Compliance Policy Guide Sec. 683.100: Action levels for aflatoxins in animal food. U.S. FDA. https://www.fda.gov/media/121202/download
  • Gruber-Dorninger, C., Jenkins, T., y Schatzmayr, G. (2019). Global mycotoxin occurrence in feed: A ten-year survey. Toxins, 11(7), 375. https://doi.org/10.3390/toxins11070375
  • Kanora, A., y Maes, D. (2009). The role of mycotoxins in pig reproduction: A review. Veterinarni Medicina, 54(12), 565–576. https://doi.org/10.17221/156/2009-VETMED
  • Keese, C., Meyer, U., Rehage, J., Spilke, J., Boguhn, J., Breves, G., y Dänicke, S. (2008). On the effects of the concentrate proportion of dairy cow rations in the presence and absence of a Fusarium toxin-contaminated triticale on cow performance. Archives of Animal Nutrition, 62(4), 241–262. https://doi.org/10.1080/17450390802066435
  • Kihal, A., Rodríguez-Prado, M., y Calsamiglia, S. (2023). A network meta-analysis on the efficacy of different mycotoxin binders to reduce aflatoxin M1 in milk after aflatoxin B1 challenge in dairy cows. Journal of Dairy Science, 106(8), 5379–5387. https://doi.org/10.3168/jds.2022-23028
  • Mackay, N., Marley, E., Leeman, D., Poplawski, C., y Donnelly, C. (2022). Analysis of aflatoxins, fumonisins, deoxynivalenol, ochratoxin A, zearalenone, HT-2, and T-2 toxins in animal feed by LC–MS/MS using cleanup with a multi-antibody immunoaffinity column. Journal of AOAC International, 105(5), 1330–1340. https://doi.org/10.1093/jaoacint/qsac035
  • Nebraska Extension. (2023). Use of mycotoxin-contaminated feed for animals (EC3066). University of Nebraska–Lincoln. https://extensionpubs.unl.edu/publication/ec3066/2023/html/view
  • Ontario Ministry of Agriculture, Food and Rural Affairs (OMAFRA). (2024). Effects of mouldy feed and mycotoxins in cattle. Government of Ontario. https://www.ontario.ca/page/effects-mouldy-feed-and-mycotoxins-cattle
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