Una ciencia con más de 100 años, una herramienta de 25
El mejoramiento genético animal como arte acompaña a la humanidad desde sus orígenes. Como ciencia, sin embargo, es relativamente reciente. Durante miles de años, los productores seleccionaron animales por observación directa: vacas más pesadas, vacas que producían más leche, animales más mansos. Esa selección fenotípica, intuitiva pero efectiva, fue el único método disponible hasta principios del siglo XX.
El cambio metodológico llegó con la integración del trabajo de Mendel, redescubierto a comienzos del siglo XX, y el modelo matemático desarrollado posteriormente por Ronald Fisher, que explicaba la herencia de características cuantitativas. A partir de ese momento se añadió una segunda fuente de información al fenotipo observado: la genealogía. Saber quiénes eran los ancestros de un animal permitió predicciones de mérito genético mucho más robustas, porque el fenotipo deja de leerse como un dato aislado y empieza a leerse como expresión parcial de la herencia familiar.
Durante todo el siglo XX se perfeccionaron los métodos estadísticos para procesar fenotipo y genealogía. Pero la verdadera revolución del campo llegó en 2001, con el advenimiento de la información genómica como tercera fuente integrable al sistema de evaluación genética.

Figura 1. Línea de tiempo del mejoramiento genético animal: del arte ancestral a la integración genómica. Fuente: Elaboración propia con fines educativos.
Las tres fuentes: la metáfora del auto
Una de las confusiones más extendidas en el sector lechero latinoamericano es asumir que la genómica reemplazó al mejoramiento genético tradicional. No lo hizo. La genómica complementa, no sustituye.
Hoy un programa de mejoramiento robusto se sostiene sobre tres fuentes de información integradas:
- Registros fenotípicos: observaciones medidas en el animal (producción de leche, contenidos de grasa y proteína, edad al primer parto, conformación, salud).
- Genealogía o pedigrí: información de ancestros que permite inferir mérito genético heredado.
- Información genómica: datos moleculares que permiten discriminar entre hermanos enteros qué fracción de genes recibieron de cada padre.
La analogía técnica es la de un motor: el combustible, el aceite y el agua de refrigeración no son intercambiables. Tener el mejor combustible sin aceite no acelera el motor, lo funde. Tener excelente genómica sin fenotipo ni genealogía produce un indicador de mérito genético, sí, pero significativamente peor que el que se obtendría integrando las tres variables. Y hay otro punto crítico: la información debe ser local. Datos genómicos de poblaciones de otros países no son óptimos en contextos productivos distintos. El combustible de avión no funciona en un auto, por más calidad que tenga.

Figura 2. Las tres fuentes de información del mejoramiento genético: fenotipo, genealogía y genómica. Fuente: Elaboración propia con fines educativos.
Los dos efectos reales de la revolución genómica
Cuando se discute el impacto de la información genómica en la lechería moderna, suele enfatizarse la precisión de las predicciones. Es correcto, pero no es lo más importante.
La genómica produjo dos efectos cuantificables sobre el progreso genético:
Primer efecto: incremento de la precisión de las predicciones. Antes, alcanzar una precisión de 0.50 en el valor de cría de un toro requería que ese toro tuviera múltiples hijas con registros o padres muy probados. Con genómica, esa misma precisión se alcanza sin necesidad de acumular décadas de evaluación familiar.
Segundo efecto, y el más importante: la reducción del intervalo generacional. El progreso genético en una población depende de cuatro variables: heredabilidad del carácter, intensidad de selección, variación genética y, de manera inversamente proporcional, intervalo generacional. Reducir el tiempo entre generaciones acelera proporcionalmente el progreso.
Antes de la genómica, un toro lechero necesitaba tener entre 7 y 10 años para ser usado como reproductor con confianza, porque ese era el tiempo necesario para tener hijas evaluadas. Con genómica, esa edad bajó a 3 o 4 años. El efecto económico es directo: menos consumo de alimento, menos medicamentos, menos años perdidos usando un toro que finalmente resulta inferior al esperado.

Figura 3. Comparación del intervalo generacional en programas lecheros antes y después de la revolución genómica. Fuente: Elaboración propia con fines educativos.
Valor genético y DEP: qué se compra realmente
Un concepto recurrentemente malinterpretado es el del valor de cría (o su equivalente, la Diferencia Esperada de Progenie, DEP). Desde la genética cuantitativa, el DEP es simplemente el valor de cría dividido por dos, por tanto ambos términos refieren al mismo concepto técnico.
El valor de cría refleja el mérito genético de un individuo, expresado en términos de qué tan distinta se espera que sea su progenie respecto a la media poblacional. Si la media poblacional de producción es 20 litros y un toro tiene un DEP de +2 litros (valor de cría de +4), se espera que sus hijas produzcan, en promedio, entre 21 y 25 litros. En caracteres donde se busca selección negativa (por ejemplo, reducción de mortalidad), se eligen valores de cría negativos.
Esta es la confusión más costosa: cuando un productor compra una pajilla de semen de un toro probado, no está comprando «el valor genético del animal», está comprando la representación estadística de lo que se espera de su progenie. Una sola pajilla no produce el mérito genético, solo lo aporta. La mejora genética tiene tres características que el productor debe asimilar:
- Es acumulativa: cada mejora se mantiene generación tras generación.
- Es continua: no se logra con una sola intervención.
- Es de bajo costo relativo: el costo de una pajilla es marginal comparado con el diferencial productivo que aporta una progenie bien manejada.
Heredabilidad: la variable que define el ritmo del progreso
No todos los caracteres responden igual a la selección. La heredabilidad —la proporción del fenotipo observado que se explica por genética y no por ambiente— determina cuánto progreso se puede obtener en cuánto tiempo.
- Caracteres de baja heredabilidad (1-3%), como la mortalidad o algunas variables reproductivas, requieren muchas generaciones para mostrar progreso visible.
- Caracteres de alta heredabilidad (60-70%), como la altura, posición de ubre o aplomos, pueden cambiar drásticamente en una o dos generaciones.
Aquí aparece otro punto clave que el productor latinoamericano suele subestimar: el valor económico de la genética muchas veces no está en el producto final, sino en lo que se ahorra. Seleccionar por altura adecuada de ubre reduce mastitis en suelos húmedos, lo cual baja costos de medicamentos y atención veterinaria. Seleccionar por docilidad en ganado cebuino reduce costos de manejo. Seleccionar por longevidad evita los costos asociados al recambio prematuro.
La genética no siempre se refleja en más litros. A veces se refleja en menos gastos.
El rol de las asociaciones y la toma de datos
En sistemas lecheros y de carne, los productores se asocian voluntariamente para acceder a beneficios técnicos que no podrían obtener individualmente. Las asociaciones de criadores cumplen funciones críticas que definen la viabilidad del progreso genético:
- Coordinar y estandarizar la toma de datos.
- Procesar la información proveniente de los productores.
- Entregar herramientas válidas: valores de cría, DEPs, precisiones, índices económicos.
- Etiquetar toros para usos específicos (vaquillonas, facilidad de parto, etc.).
- Proveer servicios de paternidad mediante genómica.
La contraparte que el productor debe aportar es constancia en la toma de datos. La evaluación genética no funciona con datos intermitentes. Un año con registros y otro sin registros invalida la utilidad de la información para los modelos de predicción.
La brecha latinoamericana: económica y cultural
Latinoamérica está rezagada en mejoramiento genético frente a Estados Unidos y Europa, y la brecha se explica por dos factores estructurales.
Brecha económica. El costo de genotipar un animal oscila entre 20 y 50 dólares dependiendo del país, la especie y la tecnología utilizada. Para un productor estadounidense ese costo es marginal. Para un productor sudamericano puede ser prohibitivo. A esto se suma que las empresas que desarrollaron las plataformas de genotipado están en el hemisferio norte, donde se concentra también la capacidad de procesamiento y análisis a precios escalados.
Brecha cultural. En Estados Unidos, el USDA mantiene desde el siglo XX agencias de extensión presentes en la mayoría de los condados del país. El productor recibe al extensionista como alguien que le aporta valor técnico. En Europa, las extensiones territoriales más reducidas y la cercanía entre centros de investigación, asociaciones de criadores y productores generan una adopción tecnológica más permeable. En Latinoamérica, en cambio, prevalece la desconfianza hacia la academia, la inmediatez del resultado esperado y una intervención estatal en investigación agropecuaria más limitada en presupuesto y despliegue.
Cerrar esta brecha no es solo un asunto de inversión. Es un asunto de confianza, comunicación y articulación entre asociaciones, universidades y productores.
Tendencias actuales: hacia dónde se está seleccionando
La selección lechera moderna ha evolucionado lejos de la lógica de «más litros». Las prioridades actuales en los principales programas mundiales son:
- Calidad de leche: proteína y grasa, no volumen diluido.
- Fertilidad: combinada con tecnologías como semen sexado y cruzamiento estratégico (beef-on-dairy) para optimizar el plantel de reposición.
- Longevidad: vacas que se mantengan productivas más lactancias.
- Resiliencia: resistencia a enfermedades y al estrés calórico, en un contexto de cambio climático que afecta zonas que hace 30 años no presentaban este desafío.
- Salud animal: especialmente en la Unión Europea, con regulaciones estrictas sobre antibióticos y hormonas.
- Eficiencia ambiental: marcadores indirectos de emisiones de metano a través de componentes de la leche, dado que medir metano directamente es prohibitivamente costoso.
¿Por dónde empezar? Recomendaciones para productores
Para un productor que aún no implementa un programa de mejoramiento genético formal, el camino tiene una secuencia clara:
- Recolectar datos, aunque inicialmente no se utilicen. El día que se necesiten estarán disponibles.
- Registrar nacimientos y construir una genealogía interna.
- Contactar al extensionista de la asociación de criadores correspondiente.
- Usar semen de toros probados de centros de inseminación. Es la vía más rápida y rentable para acelerar el progreso genético.
- Considerar transferencia embrionaria en etapas tempranas del plan, especialmente útil en Argentina y Brasil.
Pero el factor más determinante para el éxito de cualquier plan no es técnico, sino relacional: mantener contacto sostenido con el mundo académico y con las asociaciones de criadores. La interacción que falta en Latinoamérica es precisamente la que multiplicó el progreso genético en países líderes.
Hacia el III COPACO 2026
El III Congreso de Producción Animal de Colombia (COPACO 2026), organizado por la Universidad Nacional de Colombia sede Medellín, se perfila como el principal espacio del año para profundizar en estos pilares técnicos en el contexto de la Zootecnia 5.0 y la sostenibilidad. Del 27 al 29 de julio, con cursos pre y postcongreso especializados en sostenibilidad, machine learning aplicado a producción animal y genómica.
El Dr. Matías Bermann será expositor del curso postcongreso de genómica (30 de julio al 1 de agosto), donde realizará un recorrido práctico sobre cálculo de valor de cría e integración de información genómica usando los programas BLUP F90.
Para productores, técnicos, asesores y asociaciones de criadores, comprender la dinámica integradora del mejoramiento genético moderno no es opcional. Es estratégico.
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Conoce al invitado
El Dr. Matías Bermann es investigador del Animal Breeding and Genetics Group del Departamento de Animal and Dairy Science de la Universidad de Georgia (Estados Unidos). Obtuvo su doctorado (PhD) en esa misma institución en 2021, con una tesis sobre validación cruzada en predicciones genómicas con Single Step GBLUP para modelos y conjuntos de datos complejos.
De origen argentino, su trayectoria combina formación rigurosa en genética cuantitativa con desarrollo aplicado de herramientas estadísticas para la predicción del mérito genético animal. Su investigación se centra en la integración de información fenotípica, de genealogía y genómica, con énfasis en ganado lechero y porcino, manteniendo colaboraciones activas con instituciones como la Universidad de Buenos Aires, CONICET e INRA Francia.
Es coautor y desarrollador activo de la familia de software BLUP F90, herramienta de evaluación genética utilizada por miles de usuarios en el mundo y más de 30 compañías y asociaciones de criadores. Estos programas son hoy una de las herramientas más extendidas para el cálculo de valores de cría, la incorporación de información genómica y la planificación de programas de mejoramiento genético animal.
Matías ha sido conferencista invitado en encuentros internacionales sobre selección genómica animal y vegetal, con presentaciones recientes en Europa y Brasil sobre el presente y futuro de la selección genómica.
Será expositor del curso postcongreso de genómica del III COPACO 2026, organizado por la Universidad Nacional de Colombia sede Medellín (30 de julio al 1 de agosto), donde realizará un recorrido práctico sobre cómo calcular un valor de cría y cómo utilizar información genómica con los programas BLUP F90. El curso está dirigido a asociaciones de criadores, investigadores, personal universitario y productores con conocimientos en computación y matemáticas.
Animal Breeding and Genetics Group, University of Georgia: https://nce.ads.uga.edu/
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